jueves, 20 de agosto de 2009

¡Al final la culpa era del chancho! Parte I

Cataclismos naturales, crisis económica, violencia mundial son ya moneda corriente en los noticieros de todos los días, sin embargo, cuando parecía que nada extraño iba a caracterizar este año...el chancho se engripó.
A fines del mes de marzo del corriente año tomamos noticia de la aparición del virus H1N1 en Méjico. Si bien la actualización y mutación de la gripe común es un hecho ordinario en forma anual, la nueva gripe, por su particular origen, digno de una película de ciencia ficción, se candidateaba como la noticia del año.
Habiendo dejado atrás la fascinación causada por la crisis económica global y lejos aun del mundial de futbol, los playoff de la NBA y cualquier otro evento deportivo de envergadura, la gripe H1N1 fue condecorada con la unánime atención de los medios nacionales e internacionales.
El origen del virus resultaba el primer elemento de una perfecta noticia, la cual exhibía una versión oficial y una faceta conspirativa de esas que tanto engancha al público.
La versión oficial pintaba un cuadro al mejor estilo película "La mosca" en la que la gripe aviar y la gripe humana se fusionan en la gelatinosa y viscosa mucosa de los porcinos mejicanos, ello ambientado en una zona desértica y lejana del conocimiento de las autoridades sanitarias.
Este nuevo tipo de gripe, no hubiera sido eje de semejante parafernalia periodística sino hubiera sido porque numerosas personas comenzaron a morir tras síntomás de gripe común en conjunción con nuevos y variados efectos.
La transmisión de los porcinos a los humanos nunca se supo bien si fue producto de compartir el amiente, si hubo algún tipo de relación degenerada de algunos campesinos con sus animales o si simplemente el Dr. Emeth Brown unió en una capsula un cerdo infectado, un voluntario campesino mejicano y su acelerador de protones.
Al instante la nueva gripe paso a llamarse "gripe porcina" como medio de escindirla del concepto tipo de gripe y darle también un nombre más simpático.
Sin embargo, la transmisión cerdo-humano que fascino y alarmo a científicos de todos los rincones del mundo carecía de algo... un je ne se qua, y así nació la idea conspirativa por la cual los laboratorios Roche, titulares de la patente de un antiviral de acotado espectro comercial, habría producido esta gripe con el perverso objeto de mejorar la cotización de su patente. La sospecha era lo suficientemente cinematográfica como para desaparecer en la nebulosa, razón por la cual todavía hay quienes le otorgan cierta veracidad contra la infinidad de pruebas que respaldan su refutación.
Como era de esperarse, y como un imprescindible de toda película del genero, la gripe se expandió a EE.UU. y a numerosos otros países de América central.
Las noticias llovían con cifras de victimás de la nueva gripe, la gente desabastecía las góndolas de los supermercados para aprovisionarse ante el peligro de una pandemia que acabara con la civilización.
Continuará...
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