martes, 25 de agosto de 2009

¡Despenalizaron el consumo!

¡Si! finalmente fue despenalizado el consumo irrestricto de futbol.
El pasado fin de semana tuvimos la satisfacción, los más futboleros, de elegir el partido de nuestro equipo y verlo sin la odiosa obligación de abonar codificado alguno o pay per view.
Si bien lo más interesante del caso es el hecho que todos podemos deleitarnos o sufrir con los colores de nuestro equipo favorito, ello trae consigo un doble juego de intereses que resulta interesante en sobremanera.
El interés transparente y casi imperceptible que se puede ver al fondo de este juego me tomé el atrevimiento de titularla "secuestro de goles”, esa rara y poco feliz asociación que realizó la Presidente Cristina Fernández describe un estado de cosas previo a la ruptura del contrato entre Televisión Satelital Codificada y la Asociación de Futbol Argentino.
La perversa idea de mantener en vilo a los televidentes, hasta altas horas de la noche del domingo para lograr "espiar" un compacto arbitrario de los colores que tanto nos llenan de amor, fue por suerte derrotada y dio origen, indirecta, y casi involuntariamente, el inicio de la desacralización del futbol todo.
Hoy en día, resulta cotidiano ver jóvenes (y no tanto) que prueban un cigarro de marihuana por curiosidad o lo hace habitualmente por una cuestión de estúpida rebeldía, en total transgresión de la legalidad con el exclusivo fin de trascender.
El principal efecto que enarbolan los promotores de la legalización del consumo de drogas, es (curiosamente) la del descenso en el consumo. Este efecto, traspolado al ámbito del futbol probablemente vea luz a través de los rayos catódicos de la televisión pública.
El futbol fue, por años, rehén de una empresa que dedicó su ingeniería periodística y económica en la coartación de su divulgación, trastocando así el equilibrio compra-venta y generando así una inconmensurable necesidad y pasión por el futbol.
La necesidad del fanático del futbol por tener un rápido y periódico contacto con los partidos disputados por su club favorito, en yuxtaposición con el manejo cuasi-mafioso de una empresa privada que, en su búsqueda por “vender” el futbol, generó ese estado de abstinencia en los televidentes. No solo asimila la situación a la de los dealers, sino que origino una sacralización del futbol como producto para todos los argentinos.
El futuro, según pudimos ver el fin de semana pasado, nos presentara una catarata de goles y jugadas, en canales de cable, de aire, en internet y todos los medios audiovisuales posibles, que pronto atiborraran los ojos de los mas fanáticos, generando un gradual hastío hacia el futbol y llevándolo a su legitimo y original lugar, el de un mero entretenimiento deportivo.
Así como solemos exorbitar las pasiones políticas y económicas que se presentan en nuestro país, lo mismo sucede con el futbol. El cual es quizás, el deporte mas lindo del mundo, pero es solo eso, una actividad atlética, y carece de inteligencia quien extrapola su influencia e importancia a ámbitos extraños a sus propios limites deportivos.
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