Un yó mediocre encuentra en la transgresión, el único medio para trascender en la sociedad
“La curiosidad mato al gato” dice un viejo refrán, por suerte fue dicho animal y no el ser humano la victima de tal hecho, porque siempre sufrí una inusitada curiosidad acerca del contraste existente entre la transgresión de la ley y la moral (o buenas costumbre) en los diferentes estratos socio-culturales.
Por un lado tenemos las clases más postergadas, las cuales suelen transgredir la ley y la moral por cuestiones de necesidad o herencia. La legalidad resulta una barrera muchas veces infranqueable ante la necesidad generada por un estado ausente, una adicción recurrente o simplemente un estomago vacio. La transgresión de la moralidad responde a elementos más superfluos y generacionales, como lo son: una familia disfuncional, una imposibilidad educacional o la falta de información, la cual atenta contra la propia moralidad y la de la sociedad toda.
Sin embargo, resulta curiosa, por no decir alarmante, la transgresión a la legalidad y a la moralidad cometidas por las clases más beneficiadas de la sociedad.
La trasgresión de la legalidad por parte de las clases altas, es publica y cotidiana: personalidades que evaden impuestos, políticos que aceptan “gratificaciones” desinteresados del destino de los electores y las infracciones de transito cometidas por los impunes autos importados que transitan tanto por la ciudad como por las rutas argentinas.
Utilizando lo precedentemente escrito como introducción para el tema del post, es necesario definir lo que entiendo por transgresión a la moralidad, algunos, al leer esto podrán pensar “-este tipo es un hipócrita, hace solo unos apartados hablaba de la libertad de opinión y en contra de los valores morales-” sin embargo, no es ese tipo de transgresión a la cual estoy llamando ahora.
La “transgresión como resultado” es muchas veces belleza, la belleza de las luces emitidas por la explosión del paradigma vigente para beneplácito de la sociedad toda, las más importantes obras de arte que ha conocido la humanidad son producto de la transgresión de la moralidad cometida por artistas más reconocidos: la Venus de Botticelli o Velásquez, “El grito” de Munch, la interpretación de los sueños de Freud, la arquitectura de la Bauhaus o de
Salamone, los poemas de Lorca o la música de Pink Floyd representan la transgresión como resultado, resultado del impacto del arte en la sociedad, que rompe con los ideales preestablecidos y provoca el devenir de un nuevo mundo.
La “transgresión como medio” es como, dice la oración que abre el post para los mediocres y ejemplos de ello encontramos en cada canal de la televisión, en cada red social de internet y en cada estación de radio.
Que lleva a personas de buen pasar económico a recurrir a la trasgresión como medio, la necesidad de trascender, la envidia propia de las personas vacías.
La mediocridad artística ataca por todos los flancos, trasgrede para encontrar popularidad y publicidad; transgrede para llegar, para establecerse y trascender.
No obstante la existencia de este tipo de vacía trasgresión, la misma no puede germinar no crecer sino es en un terreno fértil para ello, y dicho terreno resulta ser la estupidez y la falta de capacidad critica del público.
Un conductor televisivo exhibe cual frigorífico las bellas figuras de modelos de turno (empieza con T), un presentador radial que insulta sin tapujos (empezaba con P), un periodista que ataca a su entrevistado para causar la ira del mismo o un artista que crucifica a Jesús en un avión de guerra norteamericano calificarse de artistas.
En la mediocre vidriera de medios que encontramos hoy en día, la condición o posición sexual puede resultar determinante en un curriculum para ingresar en el mundo del espectáculo o la cultura.
Decir puto, pene, concha u otros sustantivos o adjetivos no pueden o deben, en teoría, ser el anzuelo de un artista para atraer un público, su condición sexual o capacidades especiales, tampoco.
Si un señor de edad avanzada quiere disfrazarse de mujer y trabajar en una obra de revista o en la televisión, cantando o bailando, debe “pescar” a su publico mediante sus especiales capacidades artísticas,
que van a ser las únicas que lo nominaran a la trascendencia histórica.
La popularidad que cobra gente mediocre en nuestros tiempos recuerda que el ser humano solo alcanza a disponer de su capacidad craneana en un 10%, sin embargo, el tiempo siempre desempolva la estupidez y saca lustre al bronce de los grandes, aquellos que trascienden, incluso en los más oscuros periodos de la historia.

Por un lado tenemos las clases más postergadas, las cuales suelen transgredir la ley y la moral por cuestiones de necesidad o herencia. La legalidad resulta una barrera muchas veces infranqueable ante la necesidad generada por un estado ausente, una adicción recurrente o simplemente un estomago vacio. La transgresión de la moralidad responde a elementos más superfluos y generacionales, como lo son: una familia disfuncional, una imposibilidad educacional o la falta de información, la cual atenta contra la propia moralidad y la de la sociedad toda.
Sin embargo, resulta curiosa, por no decir alarmante, la transgresión a la legalidad y a la moralidad cometidas por las clases más beneficiadas de la sociedad.

La trasgresión de la legalidad por parte de las clases altas, es publica y cotidiana: personalidades que evaden impuestos, políticos que aceptan “gratificaciones” desinteresados del destino de los electores y las infracciones de transito cometidas por los impunes autos importados que transitan tanto por la ciudad como por las rutas argentinas.
Utilizando lo precedentemente escrito como introducción para el tema del post, es necesario definir lo que entiendo por transgresión a la moralidad, algunos, al leer esto podrán pensar “-este tipo es un hipócrita, hace solo unos apartados hablaba de la libertad de opinión y en contra de los valores morales-” sin embargo, no es ese tipo de transgresión a la cual estoy llamando ahora.
La “transgresión como resultado” es muchas veces belleza, la belleza de las luces emitidas por la explosión del paradigma vigente para beneplácito de la sociedad toda, las más importantes obras de arte que ha conocido la humanidad son producto de la transgresión de la moralidad cometida por artistas más reconocidos: la Venus de Botticelli o Velásquez, “El grito” de Munch, la interpretación de los sueños de Freud, la arquitectura de la Bauhaus o de
Salamone, los poemas de Lorca o la música de Pink Floyd representan la transgresión como resultado, resultado del impacto del arte en la sociedad, que rompe con los ideales preestablecidos y provoca el devenir de un nuevo mundo.La “transgresión como medio” es como, dice la oración que abre el post para los mediocres y ejemplos de ello encontramos en cada canal de la televisión, en cada red social de internet y en cada estación de radio.
Que lleva a personas de buen pasar económico a recurrir a la trasgresión como medio, la necesidad de trascender, la envidia propia de las personas vacías.
La mediocridad artística ataca por todos los flancos, trasgrede para encontrar popularidad y publicidad; transgrede para llegar, para establecerse y trascender.
No obstante la existencia de este tipo de vacía trasgresión, la misma no puede germinar no crecer sino es en un terreno fértil para ello, y dicho terreno resulta ser la estupidez y la falta de capacidad critica del público.

Un conductor televisivo exhibe cual frigorífico las bellas figuras de modelos de turno (empieza con T), un presentador radial que insulta sin tapujos (empezaba con P), un periodista que ataca a su entrevistado para causar la ira del mismo o un artista que crucifica a Jesús en un avión de guerra norteamericano calificarse de artistas.
En la mediocre vidriera de medios que encontramos hoy en día, la condición o posición sexual puede resultar determinante en un curriculum para ingresar en el mundo del espectáculo o la cultura.
Decir puto, pene, concha u otros sustantivos o adjetivos no pueden o deben, en teoría, ser el anzuelo de un artista para atraer un público, su condición sexual o capacidades especiales, tampoco.
Si un señor de edad avanzada quiere disfrazarse de mujer y trabajar en una obra de revista o en la televisión, cantando o bailando, debe “pescar” a su publico mediante sus especiales capacidades artísticas,
que van a ser las únicas que lo nominaran a la trascendencia histórica.La popularidad que cobra gente mediocre en nuestros tiempos recuerda que el ser humano solo alcanza a disponer de su capacidad craneana en un 10%, sin embargo, el tiempo siempre desempolva la estupidez y saca lustre al bronce de los grandes, aquellos que trascienden, incluso en los más oscuros periodos de la historia.