La relación de los jóvenes con la información en general y con los medios en especial, sufrió siempre de un particular recelo por parte de los mayores.
El invento de la imprenta de Gutenberg resulto el Big Bang que rompió con la atomización del conocimiento, permitiendo la difusión de contenido benéfico para la humanidad en la misma proporción que pernicioso para el poder establecido de turno.
Las centurias transcurrieron y nuevos descubrimientos como las radiocomunicaciones expandieron más aun las distintas opiniones que los libros habían instalado.
La televisión apunto directamente al punto débil humano, el entretenimiento como forma de domesticación social.
No obstante la multiplicidad de recursos con los que contamos hasta los albores del siglo XX, una invisible barrera no había sido superada, la económica.
Ante la posibilidad de crisis, el sistema siempre encuentra el bug, saca su service pack y reacciona en consecuencia.
Así es como hoy somos testigos de la máxima pluralidad de medios en la historia, ello a pesar de no ser proporcional la cantidad de opiniones.
Los diarios de todo el mundo suelen representar las opiniones de sus propietarios, las radios y los canales de televisión, transportan ese mismo concepto de representación ideológica e incluso los libros, requieren de una editorial que, filtrando contenido, publique la obra.
Sin embargo, parece que un nuevo virus infecto el sistema, la internet.
Internet, con sus limitaciones, ha modificado trascendentalmente la pirámide de conocimiento imperante, el conocimiento poco a poco se va generando de una forma más horizontal y más espontanea.
Así llegamos hasta el día de hoy en que resuena la alarma de la incomunicación que existe entre padres e hijos, ello producto aparentemente de la internet.
El uso de internet no solo requiere nuestros oídos, o nuestra vista, sino que necesita la dedicación de nuestras manos, ojos, oídos y principalmente nuestra cabeza.
Por ello, la frágil comunicación que permitía la televisión durante los avisos publicitarios, ha sucumbido.
El recuerdo de nuestros abuelos condenando a la televisión como el muro separador de la familia, se difumo y rejuveneció en las criticas de nuestros padres a la dependencia a internet.
¿Que se puede pretender de los jóvenes? Años de separación no se van a poder remediar, de un día para el otro.
La opción de una familia zombi de esta televisión carente de ideas, no pinta un cuadro atractivo del ideal de familia que un joven pueda necesitar.
La escisión familiar, representada en figura de la tv, viene condecorando la mesa de cada uno de los hogares del mundo, sin embargo hoy resulta la internet el principal factor de la problemática hogareña.
La aquiescencia entre padres e hijos no va a ser el resultado de un "unplug and talk" sino que será el manjar derivado de la emulsión de los códigos que les son propios a cada uno de los miembros de familia.
Así, la connivencia de padres e hijos será la única alternativa que permitirá que internet se restrinja a su legítimo y correcto lugar.
Resulta que hoy jóvenes no pertenecen a un clan familiar ni ven representado en sus padres la identidad o la autoridad que por ellos es pretendida.
La juventud actual reconoce múltiples familias, las cuales se ven enumeradas en los distintos grupos del Messenger, las jerarquías existen por cantidad de fotos comentadas en facebook y las charlas acerca de como estuvo el día se publican a todo momento en twiter.
Sera el periódico, paulatino y no forzoso encuentro, la mutua concesión de territorios y el respeto por las necesidades de cada uno, la más importantes herramientas en favor de la comunidad familiar.
Internet no es la maldición de las relaciones sociales, sino que es la alternativa más fácil y más atractiva para quien no encuentra su válvula de escape en el "hogar dulce hogar".